miércoles, 26 de abril de 2017

Traducción simultánea robótica

Recientemente Microsoft hizo un evento en sus oficinas en Tokio para mostrar a la prensa la reciente añadidura del idioma japonés a la función de traducción simultánea de Skype.
Adivinad quién estuvo allí encargada de hablar castellano para probar la traducción japonés-español y español-japonés. Exacto, servidora.
Había bastante prensa, así que acabé saliendo en el periódico y todo.

Recorte del Yomiuri Shinbun.

Ese día se podía probar además la traducción simultánea a inglés, alemán y chino. Si lo probáis con alguien que hable japonés ya me daréis vuestras impresiones.

sábado, 22 de abril de 2017

Tsukuba Wanwan Land

Siguiendo con el tema de la anterior entrada, por aquí se accede a Tsukuba Wanwan Land.


La entrada para adultos es 1500 yenes, pero tienen cupones de descuento en su página web, dejando el precio en 1200 yenes.

Por si sentís curiosidad por el nombre del sitio, "wan wan" es la onomatopeya japonesa para el ladrido de un perro. A pesar del nombre también tienen una zona con gatos, pero como los gatos me dan bastante igual no pasamos a verlos.

El cuarto de baño es una monada por fuera.

¿Qué nos ofrece este sitio? Empecemos por la zona de los perros pequeños y medianos.


Es la zona más popular, con bastante gente con un can en su regazo. Yo como soy un imán para los caniches toy, tardé poco en tener uno encima.
También había un carlino adorable.

Kazuki es un suertudo, a mí no me hacía caso.

Sigamos con la zona de los perros grandes. Era menos popular, pero había un bulldog llamado Suzunosuke del que nos enamoramos.

Si no pesara un quintal me lo llevaba escondido dentro de la chaqueta.

Eran todos muy tranquilitos.

A continuación vamos a la zona "wanwan rental". Se llama así porque te dejan "alquilar" un perro 20 minutos para darle un paseo. Había un carlino negro llamado Nobita, así que no hubo que pensar mucho a cuál queríamos secuestrar... Digo, pasear.

Esta es la zona en la que se puede dar el paseo.

Nos avisaron de que es posible que Nobita se negara a andar. A la hora de la verdad fue al revés, nos tuvo corriendo la mitad del tiempo. Eso sí, si lo cogías en brazos cambiaba de actitud a "pues esto también me parece bien. Hala, llévame".

No podía ser más mono.

Cuando se acabaron nuestros 20 minutos de felicidad, volvimos a los recintos que ya enseñé antes.

Varias veces al día hacen un espectáculo en una zona con escenario donde los perros y las entrenadoras hacen algunos trucos. No es muy popular, la verdad, al principio el público eramos Kazuki y yo -y luego vinieron dos personas más-.


Conectados con Tsukuba Wanwan Land, hay un "asilo" para perros mayores y una escuela de formación profesional de veterinaria.

La verdad es que estuvo muy bien, yo volvería.

jueves, 20 de abril de 2017

Visitando Tsukuba

Hay un sitio en Tsukuba, en la prefectura de Ibaraki -en la región de Kanto, al igual que Tokio y Saitama, pero a tomar por saco de donde vivo- llamado Tsukuba Wanwan Land, que es un sitio donde puedes pasar el día con perros, jugar con ellos y tal -como una cafetería de perros pero más grande y al aire libre, vamos-. Kazuki descubrió este sitio hace unos meses investigando por internet sitios para pasar el día con perrines, pero como era invierno y el sitio es al aire libre decidimos esperar a que empezara la primavera.

Pues por fin llegó la primavera, así que un día que teníamos los dos libre fuimos a Tusukuba.
Una vez llegas a la estación del mismo nombre, hay que coger un autobús que te deja en la zona pueblerina montañosa profunda de esta población. Una vez llegamos a la última parada nos bajamos del autobús y andamos unos 10 minutillos a nuestro destino.

La parada de autobús.

El camino, con sus cerezos completamente en flor y sus montañas y tal, era bastante bonito.



Preguntemos el camino a Google maps.




¡Hemos llegado! Esta es la entrada al aparcamiento de Tsukuba Wanwan Land:

Qué majetes los perritos.

El sitio y los perretes, en la próxima entrada.

domingo, 16 de abril de 2017

Carril bici

Como paso la mayor parte del tiempo entre Saitama y Tokio -y a veces en Kanagawa por curro-, no se cómo va el tema en otras partes de Japón, pero si puedo decir que aquí a pesar de la tremenda cantidad de bicicletas que hay por habitante, hay muy pocos carriles bici.
Cuando los hay la gente los suele respetar más bien poco, con lo que la mayoría de las veces hay algún coche aparcado en todo el medio del carril o gente andando -por todo el medio también-. 

Ahora que por fin hace buen tiempo -hemos pasado de abrigo de invierno a manga corta en medio mes-, y siguiendo en el tema de las bicicletas, fui a dar una vueltecilla sobre dos ruedas, y por primera vez en mucho tiempo me encontré el carril bici sin ningún obstáculo. ¿Será por la influencia del buen clima?

En bici por Warabi.



viernes, 14 de abril de 2017

Yayoi Kusama : My Eternal Soul

Recientemente estuve por primera vez en el Centro Nacional de Arte de Tokio, en Roppongi. Desde febrero hasta mayo hay una exposición de la artista Yayoi Kusama, y entré a verla.
Aunque a mí me invitaron, la entrada para la parte de pago es 1600 yenes para adultos no estudiantes, por si sentís curiosidad -para estudiantes es más barato, y gratis para estudiantes de chuugakkou, el equivalente a la ESO en España-.
Además de eso hay una zona que se puede ver sin pagar, así que empecemos por ahí.

Calabaza.

Ascension of Polkadots on the Trees 2017.

Vayamos adentro. Aunque hay bastantes salas en la exposición, solo se permitía hacer fotos en una, siempre y cuando se hagan con un teléfono móvil. Las cámaras de fotos estaban prohibidas.

No recuerdo el nombre de la obra.


Una vez que recorres todas las salas y la tienda de regalos -que está antes de la salida-, hay una última zona a la que se puede acceder enseñando el ticket de la exposición. Fue la parte más divertida, ya que te dan unas pegatinas de lunares, y tienes que pegarlas en cualquier parte que quieras de la habitación. No se permite quedártelas, hay que usarlas -o como me dijo la señorita de la entrada "no kiipu", que es "no keep" en japanglish-.

¿Dónde pego la que me queda?

Con mis 163 cm de altura no llegaba arriba. Se ve que no fui la única.


La verdad es  que la exposición fue bastante interesante.

martes, 11 de abril de 2017

Yuri on ice en Animate Cafe

Animate cafe es una cafetería de la tienda Animate -especializada en manga y anime-. Tiene varias sucursales en Tokio, y suelen hacer un menú temático con la serie popular del momento, que va cambiando.
Vi un día pasando por el de Shinjuku que estaban haciendo un especial de Yuri on ice. Quería ir, pero desgraciadamente va con reserva y ya no aceptaban. Afortunadamente, uno de los Animate cafe de Ikebukuro -el número 2- también estaba haciendo especial del mismo tema. Probé a intentar reservar allí -va por sorteo. Eliges cuándo quieres y si tienes suerte te aceptan la reserva- y hubo suerte.

Fui con Inés, que también es fan de Yuri on ice.

Es en la 4ª planta de este edificio.

Al llegar hay que hacer cola para entrar, y una vez que entramos tenemos un límite de 1 hora y media para estar allí -es muy popular-. Hay que enseñar algún carnet de identidad para que se aseguren de que realmente es tu reserva.
Una vez superado el siempre traumático momento de tener que decir mi nombre y apellidos -por muuuy despacio y ajaponesado que lo diga nunca lo pillan-, nos acompañaron a nuestra mesa.

 Cada mesa tenía personajes diferentes. Me tocó el rey de los selfies.

Echemos un vistazo al menú.



Según lo que pidieras te traían de regalo un posavasos o un marcapáginas. Los posavasos los elegían al azar y te los traían bocabajo para que fuera una sorpresa. Los marcapáginas también los elegían al azar, y te los traían en un sobre cerrado.

Para beber lo primero que pedí fue la bebida de Yurio. No es que sea muy fan de ese personaje, pero la bebida tiene orejitas... OREJITAS.

Es una bebida monísima. Sabe parecido a las gominolas de Coca cola.

Hubo suerte y mi primer posavasos, que podéis ver al lado de la bebida, fue el secreto que no mostraban en el menú.

Por algún extraño motivo nos trajeron el postre antes que la comida. Pedí el annin doufu con el mochi con forma de panda.

Además de ser todo tan mono, está bueno. El panda está relleno de anko.

Tras el postre vino la comida. Pedí lo más friki del menú, el katsudon.

La pinta no era muy allá.

Desgraciadamente la pinta no engañaba. Es el katsudon más triste que he comido hasta ahora. La carne estaba muy seca y todo sabía a microondas. El arroz estaba especialmente malo, así que no me lo acabé...

Para quitar el mal sabor de boca, pidamos algo más de beber. Esta vez pedí la bebida de JJ, porque lleva nata y una galleta, y como postre final pintaba bien.


Además de comida y bebida, también se podía comprar merchandise. Había un límite de 10 llaveros y 10 chapas por persona, y te daban un ticket que te sellaban con cada llavero y chapa que comprabas para asegurarse de que la gente realmente lo cumplía.


Por cierto, este es el aspecto que tenía la cafetería por dentro.

Clientela 100% femenina.

Fue una experiencia divertida. Estos son los posavasos y marcapáginas que me tocaron.


domingo, 9 de abril de 2017

Viaje a Krabi III

Llegamos a la última entrega del viaje a Krabi.

Una de las cosas famosas de este lugar son sus zonas de escalada. Muchos aficionados a este deporte vienen para escalar en roca. Yo, aunque solo había hecho escalada indoor, tenía ya ganas de probar a subirme a una pared de roca de verdad, así que había que aprovechar.

Como ni Kazuki ni yo habíamos escalado nunca con cuerda y varias escuelas de escalada allí ofrecen tours para enseñar a principiantes, decidimos probar uno. Te recogen en el hotel, te alquilan todo el equipamiento necesario, y te llevan hasta Railay -en furgoneta primero y luego en barco- para "enseñarte" lo básico  -nuestra experiencia fue más un "te ato la cuerda y ahí tienes la roca. Hala, escala"- y dejarte escalar unas cuantas horas.

Este es el sitio.

Mi primer intento (finalizado con éxito).

De camino allí se puso a llover bastante, y temimos que nos fuéramos a tener que volver sin haber hecho nada, pero afortunadamente al llegar pasó a chispear nada más y luego ya dejó de llover del todo.

Kazuki arriba dándolo todo.

Servidora de camino al mismo sitio que Kazuki.

Cuando nos abandonó la fuerza muscular nos quitamos los arneses y fuimos a dar una vuelta por Railay. Por si sentís curiosidad, hay un baño cercano -detalle importante-, pero es de pago.




Fue una experiencia divertida -y acojonante. Es mucha más altura de la que estoy acostumbrada-, pero me hubiera gustado más si realmente el "curso" hubiera tenido alguna explicación, o si los instructores no fumaran tantísimo en medio de todo el mundo.